El Güegüense visto por un americano

Por John Feeley

Hay pocos americanos que entienden o conocen lo que es el Güegüense nicaragüense. Me considero afortunado de incluirme en ese pequeño grupo, el cual me otorga una cercanía cultural con los nicas que me permite observar minuciosamente la actuación reciente del caudillo, Daniel Ortega. Es el clásico acto Güegüense. El guiño que Ortega le echa a la comunidad internacional al liberar a un puñado de presos políticos injustamente encarcelados por ejercer su derecho democrático y constitucional de alzar su voz y su opinión ciudadanía es casi imperceptible. Pero detrás de la máscara con sonrisa falsa que Ortega se pone cuando se dirige a comunidad internacional, hay una mueca de desdén y disgusto hacia su propia gente.

Ortega percibe toda clase de crítica como una osadía que no puede permitir. Con la crueldad desalmada de un asesino, despacha a fuerzas paramilitares para detener, golpear, silenciar y esconder en sus calabozos a centenares de jóvenes que sueñan con una Nicaragua verdaderamente democrática, donde la disidencia no se criminaliza y los derechos humanos y civiles se respetan.

El Ortega enmascarado es tan listo como un zorro. Protesta ante la comunidad internacional y a los todavía seguidores del régimen dentro de Nicaragua que su gesto, el indulto a terroristas, es uno de magnanimidad. Esto no hace ningún sentido al que está escuchando, porque si fuesen de verdad terroristas, con la agenda de sembrar violencia indiscriminada en el país, sería un acto de suma imprudencia de parte del Gobierno soltarlos a la calle. Pero al Güegüense no le importan las contradicciones, aun cuando son tan obvias. Él está apostando a que puede comprar tiempo y engañar a sus propios conciudadanos, igual que a la comunidad internacional, con su falso gesto de reconciliación.

Pero podemos ver detrás de la máscara de estafador. Reconocemos el juego que procura manipular. Y tanto los medios y como la sociedad civil en los Estados Unidos continuaremos arrancándole la máscara al Güegüense, y exigiendo al gobierno del presidente Donald Trump y al sector privado americano, que traten a este vil dictador tal y como Dios manda: con miras hacia una salida de su trono de poder usurpado.

John Feeley, es un embajador estadounidense jubilado y un analista político de Univision

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