Yaser Morazán: “Los nicaragüenses somos víctimas de nuestra propia cultura”

Yaser Morazán no teme ser criticado ni criticar. Este activista de derechos humanos, graduado en Trabajo Social y Gestión del Desarrollo, se define en Twitter como analista químico, ateo e “incómodo”. Tiene 33 años, es hijo del exreo político y exguerrillero sandinista, Alfonso Morazán, y su desobediencia lo ha empujado, junto a sus hermanos, al exilio.

Para él, criticar, “es la única forma de mejorar y avanzar” como sociedad.

“Un día las mujeres criticaron el sistema machista en el que vivían y lucharon por tener derecho al voto, un día la comunidad negra criticó la esclavitud y decidieron emanciparse, un día el pueblo de Nicaragua criticó las formas abusivas como eran gobernados y así nació la insurrección popular”, asegura en esta entrevista con Voces en Libertad en la que habla sobre su “Plan Nacional de Desobediencia Civil”.

Yaser considera que cada nicaragüense debe “identificar y potenciar el líder que lleva dentro” y, desde cada espacio que tenga, reclamar la pluralidad y diversidad de voces.

“Muchos nicaragüenses quieren democracia para heterosexuales, cristianos, blancos, profesionales, hombres y del Pacífico”, asevera.

  1. ¿Por qué es tan importante que los nicaragüenses reconozcan su propio liderazgo?

Históricamente los nicaragüenses hemos repetido de forma constante los ciclos interminables de una cultura caudillista que reproduce modelos sociales de cacicazgo, donde hay unos caciques que dirigen y ordenan a sus lacayos. Sin embargo, estoy convencido que la visión que tenemos del mundo se deriva del lugar que ocupamos en él, de ahí la importancia que cada persona en su individualidad, características, dinámicas, fortalezas y debilidades, aporte al consenso nacional para enriquecer la toma de decisiones.

Por muy buenas voluntades que se tengan, un empresario no puede pensar como campesino, así como un hombre no puede pensar como una mujer, porque cada sujeto es un derivado de sus propias experiencias y procesos de vida. De ahí la importancia que cada nicaragüense identifique y potencie el líder que lleva dentro, para que su voz y realidad inmediata sea parte de un proyecto de nación, en resumen, “quien no llora no mama”.

  1. ¿A qué creés que se deba nuestra necesidad como sociedad de encontrar un “salvador” o “salvadora”?

Nicaragua es la sumatoria de las actitudes individuales, tenemos el país que merecemos tener, el que hemos construido y destruido por acción u omisión. Nuestro país es el reflejo de nuestros pensamientos.

Los nicaragüenses somos víctimas de nuestra propia cultura, empezando por el providencialismo resignado, es decir, esta forma de ver y aceptar la realidad dada, porque son “pruebas de Dios” y, por lo tanto, Dios tiene un plan mejor para nosotros, Dios nos resolverá los problemas, pero no solo Dios, sino también la comunidad internacional, los gringos, los europeos, la muerte de Daniel Ortega, una guerra, los empresarios, etcétera.

Todos estos elementos tienen como denominador común responsabilizar a otros de nuestros problemas y soluciones, restándonos capacidad de resolver.  Esta forma de ver el mundo y la vida se derivan de nuestra educación socio-cultural, cívica y científica.

  1. ¿De qué se trata la campaña que has iniciado en redes sociales llamada Plan Nacional de Desobediencia Civil?

Son ejercicios de desobediencia civil para resistir sin morir. En la escuela de Trabajo Social y Gestión del Desarrollo aprendí que los planes de incidencia socio-políticos tiene que estar en constante proceso de monitoreo y evaluación, para identificar si estamos obteniendo los resultados esperados.

En este sentido desde que empezó la insurrección de abril la dictadura ha venido modificando constantemente sus métodos de represión, pero nosotros, la sociedad civil organizada, seguimos estancados en promover marchas, plantones, piquetes exprés, etcétera, que ponen en riesgo la seguridad y vidas de las personas, o peor aún, seguimos organizando talleres, foro-debates, investigaciones, como si estuviéramos en un Estado de Derecho, pero nada de eso debilitará al régimen política, social, institucional y financieramente, por lo tanto, he planteado de forma recurrente a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, desde hace más de un año y por diferentes mecanismos, la necesidad de hacer cosas diferentes, si esperamos resultados distintos.

Un Plan Nacional de Desobediencia Civil es un conjunto de actividades cívicas y pacíficas equivalentes al poder de una guerra, pero sin derramar una sola gota de sangre.

La idea es condicionar al régimen a que restablezca el Estado de Derecho, de lo contrario empezamos a atacar sin utilizar nuestros cuerpos como trincheras humanas. En la medida que el tiempo avanza, las actividades van incrementando en cantidad de días y potencia, empezando con algo sencillo como una marcha virtual, conferencia de prensa, gira de medios, pasando por paros escolares, paralización de trámites estatales, cancelación de publicidad en medios oficialistas, hasta terminar con un tranque en la frontera de Costa Rica y Nicaragua y un paro indefinido. Será el régimen con su capacidad de respuesta quien determine hasta dónde llegamos.

  1. ¿A qué creés que se deba esta negativa, que has denunciado en redes, por parte de la Alianza Cívica de retomar tus propuestas, entre ellas el Plan Nacional de Desobediencia Civil?

La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia está secuestrada por el sector empresarial, sus características y formas de hacer las cosas. Yo creo que el sector privado tiene derecho de tener una voz en esta lucha y nosotros de garantizar que así sea, pero no tiene derecho de ser la voz única que impone estrategias y veta iniciativas dentro de la Alianza bajo el silencio cómplice de tanto activista “empoderado” de derechos humanos ahí dentro.

Los empresarios no son activistas, aquí los activistas somos otros y de eso tenemos que estar claros. Yo sí creo que el sector privado es el único a nivel nacional que tiene una estrategia política bien sólida y la están poniendo en práctica.

El sector privado solo conoce una única forma de resolver las crisis, a través del pacto capital-Gobierno, de forma que les genere pérdidas mínimas de sus utilidades. La naturaleza del empresario no es ser el gran salvador de Nicaragua, sino generar riquezas al corto y mediano plazo. La culpa no es de ellos, sino de quienes hemos decidido ser sus lacayos.

  1. ¿Por qué considerás que los nicaragüenses deberíamos aprender que criticar no es dividir?

Porque es la única forma de mejorar y avanzar. Un día las mujeres criticaron el sistema machista en el que vivían y lucharon por tener derecho al voto, un día la comunidad negra en el mundo criticó la esclavitud y decidieron emanciparse, un día el pueblo de Nicaragua criticó las formas abusivas como eran gobernados y así nació la insurrección popular de abril.

Necesitamos que esa actitud de criticar para mejorar sea un eje transversal en la mejora de nuestras propuestas, formas de trabajo, líderes, etcétera. La crítica canalizada es una oportunidad para identificar problemas y proponer soluciones. De hecho, las grandes empresas tienen un área de gestión de la calidad, donde constantemente se está monitoreando y evaluando el desempeño de los procesos, recursos, personal, etcétera.

  1. ¿Hablás de paros escolares, estatales…? ¿Cuál es el impacto que tendrían acciones como estas?

Mandar un mensaje contundente al régimen de que ya no tiene pueblo a quién gobernar, dando un duro golpe a su legitimidad sobre el pueblo soberano, sin alumnos en las aulas, sin ciudadanos tramitando en las instituciones, sin dinero en las arcas del Estado, etcétera.

Si el régimen no quiere que hagamos marchas, plantones, paros comerciales, entonces dejemos de hacerlos. Dejemos de ser sus ciudadanos para convertirnos en nuestros ciudadanos.

  1. ¿Pueden los nicaragüenses convocar a acciones como el calendario virtual del que hablás en tus tuits sin que haya un líder u organización detrás?

El liderazgo tiene que ser colectivo. La insurrección popular de abril fue un proceso donde la gente de los barrios, comunidades rurales, campesinos, universitarios, etcétera se apropiaron de la lucha, necesitamos regresar las miradas a esos liderazgos territoriales y dejar de seguir institucionalizando la lucha a las características y poderes empresariales.

Un calendario virtual podría ser desarrollado por un grupo de personas, pero alimentado por todo un país. Ese es el liderazgo al que tenemos que apuntar, aquel que nos permita participar en igualdad de condiciones a todos, sin excluirte por ser empresario o comerciante, del Pacífico o Caribe, de la Alianza o no, etcétera.

  1. ¿Creés que la diáspora nicaragüense ha estado tan activa como debería o que estaría abierta a retomar la acciones que proponés?

La diáspora es un monstro de mil cabezas. Hace lo que puede de forma espontánea y con la mejor de las intenciones, sin haber recibido un proceso previo de formación política. Yo los he visto muy activos en los boicots a eventos del FSLN, campañas contra empresas como Ron Flor de Caña, lobby internacional, llamando a senadores y congresistas, siendo comunicadores sociales improvisados, promoviendo paros temporales de remesas familiares, compra de boletos aéreos y terrestres, desde y hacia Nicaragua, paros temporales de encomiendas, ayudando a los exiliados en temas migratorios y económicos, etcétera.

Tengo la esperanza de que algún día logren desarrollar un plan de trabajo articulado y se conviertan en un poder político.

  1. ¿Considerás que el pueblo nicaragüense aún le teme al liderazgo femenino, de la comunidad LGBTIQ o del movimiento campesino o indígena?

Muchos nicaragüenses quieren democracia para heterosexuales, cristianos, blancos, profesionales, hombres y del Pacífico, lo podemos ver en las propuestas a “candidatos presidenciales” que surgen en las redes sociales, o peor aún, en el seno de la Alianza Cívica misma, pero cuando sobredimensionás el concepto de democracia e involucrás a otros actores de la sociedad, se les acaba la emoción, de ahí que el Movimiento Feminista dentro de la Alianza Cívica y la misma Unidad Nacional Azul y Blanco, ha silenciado el discurso feminista y más lamentable aún, en complicidad con las mismas feministas que te dicen: “No es el momento”.

Sin embargo, afuera hay personas que estamos dispuestas a visibilizar el rol que la comunidad LGBTI y el Movimiento Feminista ha hecho en este proceso de insurrección y en la nueva Nicaragua vamos a exigir derechos para todos, incluyendo el aborto terapéutico.

  1. ¿Por qué decís que han silenciado al Movimiento Feminista dentro de estas organizaciones?

Cuando pertenecemos a estructuras tendemos a minimizar nuestros criterios personales para sumarlos a las acciones colectivas en detrimento de nuestra individualidad, es un mecanismo de protección de los grupos sociales.

El consenso ha sido priorizar los temas vinculados a reformas electorales, adelanto de elecciones, acceso a la justicia, etcétera, es decir, temas en los que todos estamos de acuerdo, de ahí que el Movimiento Feminista institucionalizado dentro de la Alianza fue incapaz de cuestionar públicamente la falta de mujeres en la mesa de negociación o de visibilizar el aporte de la comunidad LGBTI en esta lucha.

El discurso machista no solo se reproduce en palabras, sino también en acciones, por ejemplo, la falta de representatividad en la última reunión que sostuvo la Alianza Cívica con (Luis) Almagro de la (Organización de Estados Americanos) OEA en Washington. No es ese el Movimiento Feminista que yo conozco, sino uno crítico y reflexivo con olor a irreverencia y transgresión.

  1. ¿Realmente podés asegurar que a lo interno de la Alianza no se han defendido esos espacios o esa representatividad? ¿Cómo tenés la certeza?

Me limito a expresar lo que veo reflejado en la mesa de negociación, en su totalidad hombres y en su mayoría representando un mismo sector social: empresarios. Sin embargo, Nicaragua es más que el sector privado y quienes nos llevaron a la insurrección de abril no fue ninguno de ellos, sino: jóvenes, estudiantes, barrios, campesinos, excarcelados, etcétera. Sin embargo, dado que ninguna estructura social es estática, confío en que las cosas cambien para el bien de Nicaragua.

  1. ¿Cómo se puede visibilizar el aporte de la comunidad LGBTIQ?

Lo que no se nombra, no existe. Así como reconocemos pública y mediáticamente el aporte de las mujeres, campesinos, universitarios, jóvenes, etcétera, también es necesario decir con nombre y apellidos que la comunidad LGBTI hemos estado en tranques, marchas, protestas, medios de comunicación, lobby internacional, cárceles.

En la medida que se invisibiliza a un grupo sobre otro, en esa misma medida se crean brechas en el acceso a los recursos estatales y sociales, por ejemplo, tres compañeras transgéneros permanecieron detenidas en celdas de hombres, era obligación de la Alianza y la sociedad nicaragüense exigir que se respetara su expresión de género.

Estas personas fueron víctimas de torturas y tratos crueles e inhumanos, no solo por participar en las protestas, sino también por su identidad sexual y esto debe quedar reflejado en los informes nacionales e internacionales de violaciones a los derechos humanos.

*Al menos ocho personas de la comunidad LGBTIQ han sido agredidas sexualmente, ocho han sido asesinadas y siete fueron encarceladas desde el 18 de abril de 2018 hasta el 31 de enero de 2019, de acuerdo a un informe de la mesa LGBTIQ que reporta 220 agresiones a personas de la diversidad sexual en 38 ciudades de Nicaragua, durante el periodo estudiado*

  1. ¿Qué dirías a quienes han criticado tus propuestas o la forma en que las hacés públicas?

Respeto su opinión, no tengo nada que decir al respecto, más que estar agradecido por leerme y tener criterios, es lo que le falta a Nicaragua: Libertad de expresión. No es necesario que estemos de acuerdo en todo, de lo contrario mejor militemos en el FSLN donde es prohibido pensar y expresar(se).

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